22 de enero de 2015

PANDEMIA




La agencia EFE ha confirmado esta mañana que el resultado de los análisis efectuados a varios políticos estatales y autonómicos ha dado positivo en el virus Codicia Nivel 8, esto es, en grado extremo e infame, según fuentes científicas.
Un nivel alto de este virus en sangre provoca que los diputados y demás cargos honorables de arrabal,  dejen de luchar por el interés general y pasen a sudar por  interés propio y de terceros hambrientos de metal. Padecen fiebre alta que causa su organización en grupos mafiosos, también denominada “Casta” de manera eufemística.  Evidente parálisis cerebral que les induce a sonreír con cara de bobos y babas en las comisuras, síntoma del placer que les reportan sus negocios con chocolate negro en Suiza.  Su suprema egolatría les lleva incluso a  levantar muros para seguir engordando al cerdo que llevan en sus bolsillos.
Otros indicios de grave infestación son: la aspiración indebida, la prevaricación vomitiva, el cohecho de pecho o la malversación a raudales públicos.  En fase posterior,  la enfermedad les conmina a embaucar a los ciudadanos, cantando milongas como coristas de opereta y entonando, a su vez, la tan famosa copla “No voy a dimitir”, mientras menean sin gracia la corona de plumas que llevan en el trasero.
Visto lo anterior y dada su insostenibilidad, ya que en las Cortes huele a usura tanto como a basura en un estercolero, las autoridades competentes han decretado proceder a su confinamiento en sanatorios habilitados al efecto para controlar semejante pandemia.

Diario La Vergüenza, Barcelona 22 de enero de 2015

 Ultramarinos Bodeler

5 de enero de 2015

Encuentro entre Aurora y Vera


Era un martes. Aurora se encontraba leyendo la revista Predicciones del mes de septiembre, mientras el café de su escritorio ya iba alcanzando los 12ºC. De momento, había sido una mañana tranquila. Pocos usuarios quejosos y altaneros, ningún macho alfa por el cual valiera la pena entretener su mirada, su jefe estaba de vacaciones, así que un paseo por el mundo de los astros no venía nada mal en medio de una mañana que había arrancado bastante aburrida.
Bordeando las once, fue cuando Vera apareció frente a su escritorio. Acarreada por un número que en clave de turno la conducía hasta allí, la joven blonda con deje gruñón se sentó en una de las dos sillas del otro lado del escritorio. Traía consigo una maraña de papeles, desorden que aludía al estado que tal vez tendría su habitación o su pelo por las mañanas, según las deducciones de Aurora (últimamente, su faceta astrológica la hacía establecer relaciones causa-efecto bastante sospechosas).
Vera estaba apurada, necesitaba resolver con urgencia unos pagos deudores que tenía su empresa y Aurora aún necesitaba unos minutos más para aterrizar en el mundo en el que usualmente moraba. Vera se mostraba impaciente, mientras revolvía los papeles para dar con una boleta que de momento no aparecía, le pidió a Aurora si podía imprimirle un detalle del monto adeudado. Tras observar cómo esa joven poco a poco se iba desfigurando en una niña caprichosa y angustiada ante la pérdida de un juguete valioso, Aurora dejó a un lado la Predicciones y le preguntó si además de imprimirle el detalle, quería que le imprimiese una versión rápida de su carta astral. Le aclaró previamente que a pesar de lo resumido del formato, traía unos consejos muy útiles para sobrellevar los karmas cotidianos. 
La intranquilidad de Vera comenzó a acrecentarse. No sólo había dejado en su despacho la boleta que debía pagar, sino que además, debía lidiar con una tarotista lunática disfrazada de empleada pública. Sin embargo, le agradeció el buen gesto, y con un tono de dudable cordialidad le sugirió que le imprimiese el monto deudor.
Aurora cumplió las órdenes de la usuaria, le entregó el detalle de la deuda, le indicó a qué escritorio debía ir a pagarla no sin antes advertirle que intentara compatibilizar su luna en Tauro con su sol en Acuario y que dejara de invertir tiempo y energías con ese pisciano que en el fondo, poco la valoraba.
Vera se levantó con los ojos estupefactos, sujetando bien fuerte la maraña de papeles que traía consigo, le agradeció tímidamente el consejo y por dentro pensó: “Pinta medio loca y se nota que al igual que yo, pasa horas en una oficina que detesta. Pero cuánta razón tiene con respecto al pisciano”.


Laurencia Melancolía


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