13 de febrero de 2012

El epílogo de la angustia



Estoy aquí, otra vez sentada a orillas de la muerte. Mi alma tiembla porque no tolera límites. Es que la muerte es el límite al que más le huyo, al que más le temo.
Quisiera tener fe y reconfortarme con la idea que este camino no se termina, que vuelvo a renacer y otra vida me espera. O tal vez, creer en la vaga ilusión que cuando acabe este cuento habrá alguien allí para cuidarme, para resguardarme, para protegerme.
Pero no. Yo sé que allí nadie habrá. Ni el gran Dios por el que mis hermanos batallaron guerras, ni la preciada paz que buscan las almas amargas como la mía.
El tiempo profundiza la espera, la torna insufrible, insoportable. Ya nada queda de mis placeres tristes y oscuros, de mis sueños truncados y mis amores fallidos. Solo quedo yo.
Es la soledad el veneno que consume mis días. Es la ansiedad el arma que destruye mi conciencia.
Quisiera haber tenido fe, pero nunca la tuve. Quisiera haber tenido amor, pero no supe retenerlo. Quisiera haber echado raíces, pero enseguida se pudrieron. Quisiera haber tenido ilusiones, pero se marchitaron. Quisiera haber podido volar, pero me arranqué las alas.
Aquí estoy, sentada otra vez…

Equinoccia Balmes

7 de febrero de 2012

The Wire, sociedad bajo escucha.

Mucho se ha hablado y se hablará de la magnífica serie de HBO The Wire. Sabemos que el personaje favorito de Obama es Omar Little. Que críticos, novelistas y cineastas la tienen como serie de cabecera. Que se ha escrito sobre ella, se han analizado sus grandes aciertos y giros hacia una nueva narrativa. Sin buenos ni malos, cada personaje posee una historia, llena de aristas y contradicciones. Personajes azuzados por la incertidumbre, el azar, la complejidad de los entramados sociales y el poder. Personajes difícilmente clasificables en la etiqueta de sheriff y forajido a la antigua usanza del Oeste. En The Wire, las fronteras entre los mundos de la delincuencia y el orden son imprecisas, y, las normas sociales, fáciles de quebrantar y amoldar al interés individual.

Cada temporada de la serie está vertebrada por un tema central que va diseccionando la realidad de la vida en las calles y en los despachos de Baltimore. Policías, narcos, familias, drogodependientes, políticos, contrabandistas…desfilan por los capítulos conformando un fresco ambicioso y caleidoscópico. Y es en la 4ª temporada donde la serie pone el foco en los chavales, los “chicos de la esquina”, que están creciendo en el ambiente de las bandas callejeras. Cómo se relacionan con los traficantes (muchos de ellos familiares), con el entorno, con la institución escolar, con los adultos que les quieren ayudar.
The Wire, se adentra en el Sistema Educativo y en el valor de la educación, ahí es nada. 

En el centro escolar, donde se desarrolla la trama, la resignación del profesorado es comprensible. El día a día en el aula es una lucha continua. La violencia verbal y física es constante. Un nuevo programa escolar viene a remover las inercias instauradas. Su objetivo, trabajar con los chicos “más problemáticos” y motivarlos desde temas más cercanos a su realidad e intereses.


  * Escena del capítulo 8ª  4ª temporada, "Los chicos de la esquina". 

No obstante, no habrá tregua. Si bien aparecen personajes valientes, dispuestos a que la historia no esté escrita de antemano, la visión es realista y dura. Dukie, Namond, Michael, Donut… ¿jóvenes destinados a seguir los pasos de sus mayores? Desde luego, no lo tienen nada fácil para evitarlo, las presiones son muchas. Y la realidad, en la mayoría de las ocasiones, no es una aliada para las buenas intenciones. Maravilloso el personaje de Howard Colvin, antiguo policía que se implica en el nuevo proyecto educativo y lucha para que salga adelante. Un idealista. Un héroe contemporáneo que nos reconcilia con la esperanza. Howard Colvin, una mirada necesaria.

VIRIDIANA



1 de febrero de 2012

Enrique Bunbury, el artista equilibrista.

Enrique Ortiz de Landázuri, Bunbury para los amigos. Contra viento y marea, siempre ahí desde que tengo uso de razón. Ecléctico, polémico y multifásico, excéntrico, poético y hermético. 
Artista equilibrista, aragonés errante.

Cuando oí su primer disco en solitario casi pido asilo en un frenopático, creí que sufría alucinaciones.  Verle enfundado en un mono aeronáutico interpretando música electrónica, con lo que habían sido los Héroes del Silencio. Así pensaron también muchos de su antiguo público y hubo un distanciamiento entre partes. Pero Enrique se fue haciendo camino convenciendo a parte de sus antiguos fans y conquistando a nuevos.  A falta de pan viviríamos de tortas, pero es verdad que éstas cada vez saben mejor.

Ese primer álbum se llama, Radical Sonora, disco de digestión pesada y  difícil  pero que contiene canciones perfectas que el artista ha sabido convertir en un gran regalo cuando las toca en directo en versión rock, olvidándose de ritmos horneados en discotecas.  Alicia, es un gran ejemplo de ello.   Después vino Pequeño, inmenso álbum lleno de ritmos de muchos rincones del globo, culturas, músicas y variedades. Sencillo pero muy complejo y profundo a la vez, reflexivo en sus letras. Grandes canciones como Infinito, vals nostálgico perfecto para acompañar una copa de vino, El Extranjero, con sabor portuario, o Dudar ¿quizás?, que no ha sido muy nombrada ni reproducida a pesar de que contiene una melodía de percusión maravillosa mezclada con ritmo árabe y un discreto coro flamenco.

Unos años más tarde el “hombre delgado” golpeado por problemas personales e influenciado por la estética pugilística creó Flamingos, disco con muchas ventas, que significó la consolidación de su carrera en solitario y que le devolvió el favor del público porque contiene grandes éxitos como El club de los imposibles, Sácame de aquí , Enganchado a ti y sobretodo Y...Al final.

El viaje a ninguna parte es como el diario de un viaje con mochila. El trota músico perdido por Latino América absorbió todo lo que esas tierras le ofrecieron, resultando un disco doble excelente  donde encontramos rancheras, tangos y hasta  blues...Destacaría el 90% de las canciones pero si hay que quedarse con algunas, sin duda: La Señorita Hermafrodita, El Rescate, Anidando Liendres, Canto...con le mismo dolor, el Anzuelo.

La orquesta el Huracán Ambulante, que lo acompañó durante esas fechas tuvo gran culpa de que los directos de Enrique fueran inmejorables. Con ella  también realizó la gira del Freak Show, un proyecto costoso por lo original  pero que tuvo muchísimo éxito. Se trataba de ir de gira llevando el escenario a cuestas, montando una carpa de circo en cada una de las ciudades donde estuvieron y  mezclando la música con otro tipo de espectáculos propios del mundo circense.

Ya en 2008, dejando atrás su lado cabaretero y después de hacer "El tiempo de las cerezas" con Nacho Vegas,  publicó Hellville de Luxe, con él vuelve a los ritmos anglosajones y el rock se intuye entre los acordes haciéndote bailar mientras lo escuchas en el metro. Un poco comercial pero muy buen disco. No voy a poner canciones porque os lo recomiendo entero.  En 2010 vino Las Consecuencias, más introspectivo, en global algo justito pero, en cambio tiene perlas imperdibles como Los habitantes, Las consecuencias o De todo el mundo.

La última sorpresa que nos dedica Enrique es Licenciado Cantinas, recién salido del horno, en el que versiona temas propios de tabernas panamericanas, veremos a ver qué canciones nos marcan con el tiempo. De momento, está de gira por España, mirad el calendario y no faltéis porque os aseguro que el nuevo directo no decepciona, perfecto para curar heridas y depurar la sangre que nos hierve en estos tiempos.

Ultramarinos Bodeler 


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