Uno de los recuerdos de mi infancia es sentarme en el sofá con mis padres y ver en la tele la película de Alfredo Landa que tocaba ese sábado. Mi padre se tronchaba de risa y yo, de niña, también. De adolescente me hacía la estirada, por aquello de la rebeldía paterno-filial y casi me alineé con los que denostaban ese tipo de cine, pero ¿os cuento un secreto? nunca dejé de reírme al verlas.
A aquel tipo de cine se le etiquetó como el Landismo, comedias de situación sin más pretensiones que hacer reír poniendo de manifiesto de un modo muy desenfadado las características de la sociedad española de la época. Alfredo Landa representaba como nadie al españolito de a pie, al “macho ibérico” que se pavoneaba por las playas delante de las suecas.
Aunque su estreno como actor de cine fue en 1962 con Atraco a las tres de José María Forqué, la etapa del Landismo es la que le catapultó a la fama en todos los hogares españoles de la década de los 70. Nos regaló joyitas míticas como No desearás al vecino del quinto, Una vez al año ser hippy no hace daño, Cateto a Babor, Manolo la Nuit, Jenaro el de los 14, Dormir y ligar todo es empezar, etc…
Pero fue lo que podríamos llamar su segunda época, cuando el actor se deshace de la imagen anterior, para demostrarle al séptimo arte su impecable técnica y gran capacidad de interpretación. Elevándose a la categoría de gran estrella e instalándose para siempre en nuestros corazones.


Consiguió en 1984 el premio al mejor actor en el Festival de Cannes por su interpretación en la película Los Santos Inocentes de Mario Camus. En 1987 gano su primer Goya como mejor actor protagonista por El Bosque Animado de José Luís Cuerda, película que nunca me cansaré de ver y en la que da vida al entrañable bandido Fendetestas. En 1992 le llega su segundo Goya como mejor actor protagonista por La Marrana, también de José Luis Cuerda y finalmente en 2007 le dan el Goya de Honor por toda una carrera.

¿Que si soy Landista? Por supuesto, y a mucha honra!!
Ultramarinos Bodeler
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