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26 de mayo de 2014

No los pararás


Pétrea cual estatua, expectante como neonata que aguarda su porvenir, impaciente como quien ignora el transmutar de los minutos, allí estaba yo ubicada en línea perpendicular con el escenario que me devolvería a una de mis liturgias favoritas: escuchar y gozar de la música de Doscientosdos en vivo.
Niceto Club abrió las puertas de su lado B, para que con una electrificante intro session, Osko Cariola nos deleitara con su buen hacer. Reminiscencias de los vibrantes sintetizadores ochenteros venían a mi cual catarata de exaltaciones. Para ese entonces, la estatua perdió firmeza y ganó soltura. El arranque era prometedor y lo que se avecinaba, se autoproclamaba impetuoso.
Finalmente, el esperado suceso se transformó en realidad y aunque la sala A de Niceto golpeaba con fuerza, no contaba con el sonido aplanador de esta gran banda con insignia numérica que a pesar de no contar ayer con un público tumultuoso, pudo constatar que sus fieles errantes estaremos ahí, deseosos de disfrutar de su arte, siendo testigos del esplendor de su música, siempre.
La memoria puede ser traicionera y aunque el rockstar se mofe de ella, nunca falta el comprometido espectador que releve los actos del decir. Y a pesar que en ocasiones, esta evocación se rebele y sea difícil de apresar, el destello de Doscientosdos impacta de tal manera, que es imposible determinar cuándo deja de amenguar.
Los sanos vicios del rock and roll se colaban por momentos durante el show, pero cual capitán responsable al mando, Osko Cariola tomó las riendas del trayecto y demostró que esta banda, mire por donde se la mire, derrocha grandeza hasta en su ángulo más fino. Todo viaje tiene sus instantes de deriva e incertidumbre, y con ellos éstos son tan gratos, que cualquier desprolijidad pasa a segundo plano. ¿O acaso, cuándo fue que las aventuras dejaron de lado el factor sorpresa y rompieron con la magia que toda eventualidad regala con su irrupción?
Broche de oro con su versión de “Ella vendrá”, tema que inmortalizó a Don Cornelio y la zona y que como postre a tan exquisito banquete, fue gustosamente devorado. Por cierto, Leonel Martínez, la seguiste muy bien. Y vos Rha Cariola, inconfundible hombre de las mil barbas, con tu penetrante voz, la hiciste explotar.
Acabose el show, pero no las ganas. Afuera los disturbios de ese lado A que estrepitosamente asaltaba nuestra agitada armonía circular, nos mantenía unidos con esa sensación de felicidad y amargura que nos devuelve a la inquietud voraz. Ahora queda esperar al próximo encuentro, el cual deseo que sea cercano en el tiempo, porque el rock nacional y la escena internacional necesitan de estos grandes artistas que ilustran con su talento, la potencia y vivacidad que solo la buena música sabe transmitir.
Cuando los escucho, cuando los siento, cuando los veo, siempre queda en mí la misma idea. Esa sensación esclarecedora, esa certidumbre que esperanza y como oráculo pagano, despeja cualquier desasosiego: pase lo que pase, a Doscientosdos, no los pararán.


Medea Paracas


19 de marzo de 2014

El dolor tiene relator


Escuchándolo me doy cuenta que su voz es polisémica. Transmite tanta variabilidad de emociones que sería difícil encerrarla en una sola etiqueta. Sin embargo, el registro que más me moviliza de ella, es cuando expresa el dolor.
Hay muchas voces que cantan sobre el desamor, la tristeza, la angustia, la amargura y la pena, pero la de él es tan palpable y auténtica que nuestra psiquis con tan solo oírla, ya empieza a hacer catarsis.
Fiel relator de la aflicción, este rockero inglés provoca en mí lo que años de terapia apenas han logrado: expeler mi congoja.
Pero en su viva voz, no todo es llanto y suplicio, es tan hábil y disímil que cuando comienza a vibrar, mi cuerpo se transforma, mi quietud queda extinta. Ella es un buen ejemplo de los caminos de la evolución del lenguaje humano, tras ella están los rastros de nuestro arte comunicativo.



Aguda a la hora de transmitir el dolor, en vez de amargarnos, ella nos regala una buena dosis de serenidad y reposo. Oyéndola, nos damos cuenta que sufrir no es algo netamente negativo, sino que se trata de un “mal” que muchas veces es vitalmente necesario. Claro está, que no todo lo que ella relata es pesadumbre y malestar, hay abundantes registros donde el jolgorio y la esperanza se abren paso y aclaran las turbulencias del sórdido panorama personal.
Gracias mi estimado lord por calmar mi zozobra, sepa usted gran Morrisey que en mi maletín de auxilios próximos sus melodías son mi bien más preciado.



Laurencia Melancolía



21 de octubre de 2013

Las segundas partes, también fueron buenas.


Cuando una banda de rock que nos gusta se desintegra, la esperanza de la reunificación se torna vital, más allá que la pena existencial aún no vislumbra la inmortalidad de su música. El crudo final es indigerible y el anhelo por reconciliaciones que de momento resultan improbables, se vuelve imperante. Con el tiempo éste se apaga, para por instantes renacer ante la lectura de rumores mediáticos que anuncian la llegada del ave fénix. La espera pasa de ansiosa a asfixiante y cuando incómodamente nos dejamos ganar por la desilusión, la vuelta revoluciona nuestros sentidos. Llegó la segunda parte.
Primeramente, es recibida con entusiasmo y alegría. Pero son varios los casos, en los cuales los cambios no resultan del todo bienvenidos. El arte claramente se transformó y cuesta adaptar nuestro oído y emociones a estas exploraciones que los artistas aluden para subsistir.  


He de confesar que hubo segundas partes decepcionantes y tremendamente angustiosas. Pero, si hay algo que 202-Doscientosdos gentilmente me obsequió, es la posibilidad de volver a creer.
Iniciados como Santos Inocentes allá a mediados de la década de los ’90, esta espectacular banda de rock “industrial” (pongámosle) liderada por los hermanos Cariola (en voz, guitarra y composición) se detuvo por unos instantes eternizantes hasta mudar de piel bajo el nombre de “202- Doscientosdos” en la segunda mitad de la primera década del renovado siglo. De su antiguo transcurrir, dejaron dos sublimes álbums llamados “Emporio Bizarro” (1998) y “Megatón” (2000), los cuales electrifican emociones y escurren la psiquis hasta niveles inmensurables. Letras polisémicas que abren sendas y bifurcan caminos. Poesía en estado puro. Prosa sentida y culta: ignorantes, abstenerse.
El 2013 lo estrenan con “Mastertape”, su segundo disco bajo el rótulo de 202. Este discazo que presentaron el 20/09/13 en The Roxy de Buenos Aires, resume fielmente la esencia de su rock: enérgico, vigoroso, apasionante, estimulante, potente, provocador y con alguna buena dosis de lujuria. Escucharlo se convierte en algo sanamente adictivo. Recomendable en cada uno de sus ítems. Canciones como “Apenas”, “Mi memoria”, “Sexo Suicida”, “Colapsando” o “Enciende la noche” (su principal corte de difusión) hacen de su música un sujeto de culto. Es que en su arte reina la subjetividad, tan rica a la hora de tejer melodías y perpetuar sonidos. Deleitable de principio a fin.


Para aquellos que habitan lejanas latitudes geográficamente distanciadas del Cono Sur, les recomiendo que hagan un buen uso de las redes sociales para interiorizarse con las producciones de esta genial banda compuesta por  Rha Cariola (voz), Osko Cariola (guitarra y programación), Cristian Lapolla (bajo) y Emmanuel Cauvet (batería percusión).
Mientras, los que tenemos el privilegio de merodear por sus lares, esperamos deseosos la realización de un próximo show en vivo, que nos permita recrear la magia que se desencadena en nuestra osamenta cada vez que sus acordes cobran vida. Ya lo dijeron ellos: mi materia, es ansiedad.





Medea Paracas



19 de agosto de 2013

Dancer in the light


Desde la lejana y siempre memorable infancia que el baile ha sido para mí algo más que mover el cuerpo al son de un ritmo. Sin formación profesional a cuestas y muy selectiva en los géneros que estremecen mi anatomía, podría decir que el baile se llevó unos cuántos trofeos en expresión corporal si de expulsar emociones se trata.

Hay melodías con las cuales, sin lugar a dudas, es imposible mantener el cuerpo quieto y bandas que nos hacen levitar por todas las capas que tiene la atmósfera. Una de ellas es indiscutidamente la formación británica de pop electrónico popularmente conocida como PET SHOP BOYS.

Escucharlos y bailarlos es iniciar un viaje por un degradé emocional que permite en cada estrofa exaltar la inconsciencia hasta límites pocas veces transitados. Composiciones sólidas, profundas y sumamente vívidas, hacen de la banda un referente mundial en los primeros puestos del pop bailable. Y es que bailar no tiene que asociarse inmediatamente con algo comercial y frívolo como una postal de publicidad de alguna bebida espirituosa con discoteca de moda de fondo y modelos siliconadas ensayando pautados pasos en el escenario principal. Ni tampoco con algo banal y tonto, relegado solo para mentes pequeñas que sienten la música en función de la movilidad que provoca.

El baile es tan fundamental y primigenio en los eslabones de nuestra esencia humana que trasciende toda división social y elitista que queramos imponerle. Es por ello que, dejando de lado los estereotipos y haciendo caso omiso a las burlas envidiosas, bienvenid@s sean aquellos aventurad@s que ante el primer son se atrevan a poner a prueba a su sistema nervioso central.

No hay excusas válidas ni fundamentos lógicos sostenibles en el tiempo. La música de los Pet Shop Boys es bailable en tu oficina, en tu living, en tu ducha, mientras cocinás, cuando vas en el auto o cuando te convertís en la payas@ de la fiesta en alguna celebración con amigos (a pesar de no tener altas dosis de alcohol encima). En un camino de apertura emocional como el que ellos provocan, todos los escenarios son posibles y todas las vergüenzas, repensables.

Así que aquí les dejo una muy buena selección de temas para agitar el cuerpo, exhalar miedos, regurgitar angustias, inquietar placeres y sonreír con los ojos cerrados…











Laurencia Melancolía



11 de marzo de 2013

¿Serían Héroes si estuvieran en silencio?


En mi habitación tenía colgada una noticia del periódico sobre Héroes del Silencio, el titular decía: “Serían Héroes si estuvieran en silencio” y lo ilustraba una foto de Enrique Bunbury haciendo la peineta a lo Bárcenas. El que hizo estás declaraciones era un componente de una famosa banda  gallega, aquellos que cantaban “Fui a comprar el pan y me enseñaste el Corán”. En esos tiempos, fueron muchas las malas críticas que se hicieron, pero lo cierto es que, lo que aportó Héroes del Silencio al rock español, no lo ha podido aportar nadie más.  Y aunque su puesta en escena e iconografía fuera controvertida y su pose algo soberbia, nadie puede negarles el gran valor que tuvieron.

Yo los conocí una vez publicado el disco de Senderos de Traición, ni siquiera me enteré de la explotación cansina de la canción de Entre dos Tierras en las radios, aunque los años posteriores comprobé en que medida había calado esa canción en el gran público. La cruz del fan de Héroes es que siempre se te acerca algún profano a cantarte la cancioncita gesticulando a lo Bunbury. ¿Los Héroes? ahh …entre dos tierraaaass eeestás! a lo que contestas con media sonrisa  y un suspiro.

Lo dicho, primero escuché Senderos, Maldito duende para ser más exactos, mi cinta dio vueltas una y otra vez  hasta clavarme los acordes en el tuétano y desde entonces los médicos me diagnosticaron como Heroinómana,  a pesar de mi conocida fobia a la agujas.

Héroes del Silencio, es rock en las venas,  pero un rock distinto a cualquier otro. Ninguna de las etiquetas que les dieron fueron muy acertadas a mi modo de ver. Yo solo diré que es el grupo perfecto para cantar a oscuras con una copa de vino, para erizar el corazón del más escéptico y ya de paso, abandonarse  a la  irracionalidad, que nunca viene mal.

Las melodías y las letras son poesías con la  puerta cerrada, por lo críptico de sus frases y ese punto  nostálgico de todo seguidor. Para abrir las puertas de la percepción,  sólo sirven algunos, aunque… ¡cuidado! una vez dentro ya no vas a poder salir, porque, sea cual sea el sentido original de esas canciones,  te envuelven y se adaptan a ti como un traje hecho a medida.

Sus discos de estudio son cuatro, aunque se pueden encontrar infinidad de directos, caras B, discos pirata, rarezas, objetos de colección etc. El mar no cesa es el primero de esta formación, algo pop para mi gusto pero contiene tesoros que con los años mejoran en directo. A destacar: Hace tiempo, No más lágrimas, Héroe de Leyenda, Flor Venenosa.

En Senderos de Traición, siguiente disco, ya van sacando mejor lo que tienen dentro, arpegios sobrenaturales, letras profundas. Como digo, significó una verdadera revolución espiritual para mí. Escúchense canciones como El cuadro II, Oración, La carta, Maldito Duende, Hechizo. Tocar el cielo sin necesidad de escalera.








Luego llegó El Espíritu del Vino, y eso ya fue una marca a fuego. Ahí me regalaron el carnet de Heroinómana vitalicia y me dieron de alta con pronóstico: Incurable.  Recuerdo ver que en alguna entrevista el grupo no parecía muy satisfecho con él pero, personalmente creo que es el mejor LP de Héroes.

No os voy a recomendar canciones, tan sólo escuchad el disco de la primera canción, Nuestros Nombres, a la última, La Alacena. Considero  a este disco tan íntimo mío como lo pueda ser para el grupo. Con el canté, lloré, me enamoré, me hice mayor,  reí, viajé, me desilusioné etc. Así que más que un CD con pistas, es un álbum de fotografías de mis recuerdos y mi vida.  No puedo ser objetiva con él, pero confiad en mí y escuchadlo haciendo honor a su nombre, es decir: Ribera en mano.



Avalancha, el cuarto y el último,  madurez, equilibrio, el disco de las cosas bien hechas, producción excelente y contenido soberbio. Quién es el listo que  no se emociona con Opio, la Chispa adecuada, Parasiempre, Deshacer el mundo, En los brazos de la fiebre… Todo ello acompañado de conciertos magníficos a los que asistías uno tras otro, incansablemente, aunque supusiera dormir en la estación de bus de alguna ciudad extraña para poder volver a casa sin haber pagado un hotel.




Pero la avalancha fue tan grande  que les arrasó. Juan, Pedro, Enrique y Joaquín (Alan, también se merece un puesto aquí), esos cinco desconocidos que estuvieron siempre colgados de mis paredes,  lo dejaron. Por unas cosas o por otras. Divorcio de mutuo acuerdo, sin pensión de alimentos para los fans. El final llegó sin avisar. Casilla de salida, sin la oportunidad de esperar dos turnos y volver a empezar.

Y bueno, todos estos años nos hemos ido alimentado con otras cosas, pero el buen marisco no lo hemos vuelto a probar.  Es cierto, que nos pusieron el caramelo en la boca en 2007 con la gran gira de reencuentro. Artísticamente inmejorable, no así la organización, la escasez  fechas y la lucha titánica por poder conseguir entradas. También editan de vez en cuando más materiales que distan mucho de ser inéditos. Pero sólo son caramelos que saboreo poco a poco para que me duren hasta la próxima. Esa de la que todo el mundo habla pero que nadie sabe si existirá o no,  aunque estas ya son cosas de arcano indescifrable.

En respuesta a la pregunta del título diré que ellos serán Héroes parasiempre, estén en silencio o no. Para muestra su mejor canción:  El mar no cesa (Directo Senda ’91):

         




Ultramarinos Bodeler
Heroinómana sin pico


27 de diciembre de 2012

Las fiestas de Gante


¿Qué decir de este buen hombre? Uyyy, podría decir muchas cosas!!!, pero voy a rescatar muy especialmente dos: su gran corazón y su genial humor. Polifacético artista, este buen amigo entra a nuestra habitación una vez más (no hace falta recordar que lo hemos nombrado miembro de honor!!!), para relatarnos este divertido ritual que cada año acontece en Gante durante las fiestas de julio. Amistad, reunión, música, baile, alegría y alcohol de por medio también, para celebrar las cosas buenas que tiene la vida. Y de eso, Ariel sabe mucho!!!. Sin lugar a dudas, su casamiento fue una de las fiestas más significativas que recuerdo...se celebró en una galería de arte, y Jak y él con sus palabras al comienzo, nos hicieron sentir que el festejo era compartido, que valía mucho la pena que estuviéramos ahí todos juntos...como en las fiestas de Gante. (Medea Paracas)

A partir de abril, en Gante se habla de pocos temas (ya en Bélgica se habla poco) tanto como de Las Fiestas de Gante. Estas fiestas se hacen durante diez días en el mes de julio. Sin saber lo que es, llegando mayo uno ya empieza a hartarse y en junio, el deseo de que haya pasado o de que nos atropelle un tranvía, se apoderó de nosotros.
Hasta que finalmente llega la fecha de la tan hablada fiesta. Haber escuchado tanto durante los últimos tres meses, nos habilita a asistir con un aire de normalidad y casi pesar, como quien va, como todos los años, al cumpleaños de la tía Lita a festejar Año Nuevo y ver llorar a nuestras abuelas.
Llegamos a la plaza de Bij Saint Jacobs y el aire festivo realmente se siente, como el olor a papas fritas y al de cerveza añejada al aire libre. Pero no es eso lo que llama la atención, no. La ciudad entera se transformó en un gran espacio de fiesta. Literalmente, todas las plazas y espacios públicos de la ciudad están unidos por sinfines de bares que sacan sus barras a la calle. Los bares más solventes organizan espectáculos y recitales multitudinarios. Hay en cada plaza un escenario en donde desfilan espectáculos las veinticuatro horas durante los diez días.

Foto por Knartist

La ciudad está sitiada de fiesta y tomada literalmente por gente más que tomada, pero con la mejor inspiración para la amistad. Se ven personas de todo el mundo. Un grupo de chicos para a cada muchacha guapa para sacarse una foto con el pretexto de regalar abrazos y quizás, anotarse una conquista.  
En la plaza del Mercado del Viernes han armado un parque de diversiones semiprofesional. Durante el día, los niños hacen cola con sus padres para sentir la adrenalina y durante las noches, legiones de mujeres hacen la cola son sus borrachos-niños-parejas en busca del desafío de no vomitar. Pocos lo logran.
Ya pasaron nueve días de fiesta en donde nos sentimos cada día más maravillados y pobres, por los afluentes ríos de vino por los que hemos nadado. Repentinamente, nos encontramos con gente que nos saluda como grandes amigos y a la que hemos conocido hace cuatro días. Creemos recordar quiénes son, pero no estamos seguros, ellos tampoco. Pero, no importa tanto. Sabemos ya en qué barra atiende quién y dónde es más pertinente acercarnos para desayunar papas fritas frescas.
El décimo y último día, el ¨Día de los bolsillos vacíos¨, todo es más barato aún y la gente está dispuesta a gastar hasta lo último que le queda. Sin embargo, hay en el ambiente un aire de negación. La natural reacción al final de la fiesta. Todos bailamos, pero mirando al cielo y deseando que por una vez no amanezca.
En la plaza de Baudelohof hay un escenario donde  normalmente un DJ pasa la música que nos gusta y el ambiente es más agradable, un poco menos muchedumbroso. Pero no, hoy hay un grupo de música, supongo folklórica, un poco celta, un poco belga, un poco de todo. Llegando las seis de la mañana, tocan una canción triste, con gaita, violín y una voz femenina. Pegados al escenario, no vemos a nuestras espaldas, y cuando nos damos vuelta para ver si la pelirroja todavía nos mira, vemos cómo la gente baila formando un círculo, agarrados de las manos. No son uno ni cinco, son todos los que giran en este círculo de despedida y amistad. Por algún motivo, esta música encaja perfectamente con ese baile-ronda y nos contagia esa nostalgia. Ya es hora de irnos. Pensativos y tristes. Pero, de tanta felicidad nos vamos casa a descansar merecidamente y esperar la oportunidad para hablar con nuestros amigos y colegas hasta quemarles los oídos de esta fiesta que ya no podemos esperar a que se repita.

AK-32

27 de febrero de 2012

Bon hiver

Estoy escuchando a Bon Iver. Voz penetrante, aguda, triste, me pareció la primera vez que lo escuché. 

Me desconcertó. Me acercó su melancolía hermanada con mi querido Neil Young.

Su voz herida se expande como un eco. Constante. Cortante. Quizás no sea lo mejor para escuchar estos días, pero si la dejas entrar, se queda, impregna las tardes de este invierno, que ha decidido hacer honor a su nombre.   

Bon Iver es Justin Vernon. Bon Iver, es un grupo de éxito, premiado su segundo disco en los pasados Grammys como mejor álbum de música alternativa y como mejor nuevo artista. Holocene, una de sus canciones más bellas. Más cristalinas.

Pero parece que Vernon no gusta de estos oficios sociales. Se autoexilió al norte de Wisconsin a una cabaña, durante tres meses, para recuperarse de una enfermedad física y de los arañazos espirituales, fruto de la ruptura con su grupo anterior y con su chica.

Se autoprodujo su primer álbum, For Emma, forever ago, grabándolo en su mayor parte durante esta estancia, sin más andamio que sus propios recursos.

Se aisló, quería estar donde hiciera frío,
lejos de todos,
pero se encontró que no podía alejarse de si mismo,
y la música fluyó y cristalizó.

Mientras Vernon estaba convaleciente en la cama, recuperándose y ensoñando notas y melodías, se dejo  acompañar por los excéntricos y maravillosos personajes de  la serie Doctor en Alaska. Y es de ahí  de donde viene el nombre que decidió  poner a su nuevo proyecto. 

Bon Hiver, se desean en Cicely tras las primeras nevadas, en uno de los capítulos. 

Buen invierno a tod@s.

 




1 de febrero de 2012

Enrique Bunbury, el artista equilibrista.

Enrique Ortiz de Landázuri, Bunbury para los amigos. Contra viento y marea, siempre ahí desde que tengo uso de razón. Ecléctico, polémico y multifásico, excéntrico, poético y hermético. 
Artista equilibrista, aragonés errante.

Cuando oí su primer disco en solitario casi pido asilo en un frenopático, creí que sufría alucinaciones.  Verle enfundado en un mono aeronáutico interpretando música electrónica, con lo que habían sido los Héroes del Silencio. Así pensaron también muchos de su antiguo público y hubo un distanciamiento entre partes. Pero Enrique se fue haciendo camino convenciendo a parte de sus antiguos fans y conquistando a nuevos.  A falta de pan viviríamos de tortas, pero es verdad que éstas cada vez saben mejor.

Ese primer álbum se llama, Radical Sonora, disco de digestión pesada y  difícil  pero que contiene canciones perfectas que el artista ha sabido convertir en un gran regalo cuando las toca en directo en versión rock, olvidándose de ritmos horneados en discotecas.  Alicia, es un gran ejemplo de ello.   Después vino Pequeño, inmenso álbum lleno de ritmos de muchos rincones del globo, culturas, músicas y variedades. Sencillo pero muy complejo y profundo a la vez, reflexivo en sus letras. Grandes canciones como Infinito, vals nostálgico perfecto para acompañar una copa de vino, El Extranjero, con sabor portuario, o Dudar ¿quizás?, que no ha sido muy nombrada ni reproducida a pesar de que contiene una melodía de percusión maravillosa mezclada con ritmo árabe y un discreto coro flamenco.

Unos años más tarde el “hombre delgado” golpeado por problemas personales e influenciado por la estética pugilística creó Flamingos, disco con muchas ventas, que significó la consolidación de su carrera en solitario y que le devolvió el favor del público porque contiene grandes éxitos como El club de los imposibles, Sácame de aquí , Enganchado a ti y sobretodo Y...Al final.

El viaje a ninguna parte es como el diario de un viaje con mochila. El trota músico perdido por Latino América absorbió todo lo que esas tierras le ofrecieron, resultando un disco doble excelente  donde encontramos rancheras, tangos y hasta  blues...Destacaría el 90% de las canciones pero si hay que quedarse con algunas, sin duda: La Señorita Hermafrodita, El Rescate, Anidando Liendres, Canto...con le mismo dolor, el Anzuelo.

La orquesta el Huracán Ambulante, que lo acompañó durante esas fechas tuvo gran culpa de que los directos de Enrique fueran inmejorables. Con ella  también realizó la gira del Freak Show, un proyecto costoso por lo original  pero que tuvo muchísimo éxito. Se trataba de ir de gira llevando el escenario a cuestas, montando una carpa de circo en cada una de las ciudades donde estuvieron y  mezclando la música con otro tipo de espectáculos propios del mundo circense.

Ya en 2008, dejando atrás su lado cabaretero y después de hacer "El tiempo de las cerezas" con Nacho Vegas,  publicó Hellville de Luxe, con él vuelve a los ritmos anglosajones y el rock se intuye entre los acordes haciéndote bailar mientras lo escuchas en el metro. Un poco comercial pero muy buen disco. No voy a poner canciones porque os lo recomiendo entero.  En 2010 vino Las Consecuencias, más introspectivo, en global algo justito pero, en cambio tiene perlas imperdibles como Los habitantes, Las consecuencias o De todo el mundo.

La última sorpresa que nos dedica Enrique es Licenciado Cantinas, recién salido del horno, en el que versiona temas propios de tabernas panamericanas, veremos a ver qué canciones nos marcan con el tiempo. De momento, está de gira por España, mirad el calendario y no faltéis porque os aseguro que el nuevo directo no decepciona, perfecto para curar heridas y depurar la sangre que nos hierve en estos tiempos.

Ultramarinos Bodeler 


16 de enero de 2012

Attack the block, héroes y villanos.


Cuando los alienígenas de Sin noticias de Gurb (Eduardo Mendoza) aterrizaron en la eufórica Barcelona preolímpica, la observación desconcertada de un extraterrestre-narrador de una ciudad frenética engalanándose para tan gran evento, da pie a situaciones muy divertidas y carnavalescas. Tras las risas Mendoza ofrece una mirada corrosiva sobre esta etapa así como sobre la vida en las urbes y nuestros avatares contemporáneos. 

¿Qué pensaría Gurb si aterrizara en el Londres preolímpico actual? ¿Qué opinaría el difunto Joe Strummer de que su grito punk, London Calling, haya sido elegida como sintonía y reclamo publicitario de los Juegos Olímpicos? Esta canción fue compuesta por The Clash en respuesta a la crisis, el duro thatcherismo y los conflictos sociales de principios de los 80. Un SOS, una llamada de atención del grupo más político del Reino Unido. London Calling. Una canción mítica y atemporal.




En Heygate, suburbio marginal del sur del Londres actual, aterrizan los salvajes alienígenas de la divertidísima y a ratos “terrorífica” película inglesa Attack the block. Su objetivo: atacar un bloque de vivienda social donde vive una banda de adolescentes que los han afrentado con la muerte de uno de los suyos. Estos chicos, que por salvarse y salvar a su comunidad de este ataque, pasan de  delincuentes incipientes a héroes. 

Un argumento juvenil. Actuaciones frescas. Efectos especiales. Diálogos ácidos. Pero “Ataque al bloque”, más allá de una película de gamberros y monstruos temibles, divertidísima y loca, pone la mirada sobre la vida de estos jóvenes, que pasan de la etiqueta de “malos”  e "inadaptados" a personajes más cercanos.  En cuanto tienen entre manos una causa, algo que hacer. Unos chicos, que podrían ser los mismos protagonistas de otra historia, la de las incendiarias revueltas de este pasado verano en el Reino Unido.  Una señal, un SOS, una llamada de atención.

¿Necesitamos una canción?

Viridiana

7 de enero de 2012

HACIA RUTAS SALVAJES



¿Qué impulsa a un chico de familia bien estante de Virginia en la Costa Este a emprender un viaje de dos años cruzando Estados Unidos hasta llegar a Alaska en autostop, renunciando a todo lo que tenía?

Chris  McCandless fue un joven de 24 años que quiso romper con todo y experimentar cómo seria la vida sin ninguna atadura. Movido por un idealismo firme, quiso realizar una utopía y al acabar sus estudios superiores, se deshizo de sus pocas pertenencias de estudiante,  regaló su dinero  y sin decirle nada a su familia empezó un viaje que le aportó mil y una aventuras por todo el territorio yankee.

Durante ese periplo de 24 meses, Alex Supertramp, así se hacía llamar, conoció a gente muy especial que le marcó de distintas formas. Gente de todo tipo, incluso personas que intentaron disuadirle de realizar su locura de anacoreta: llegar a las indómitas montañas de Alaska y vivir solo en plena naturaleza, lejos de todo y de todos, alimentarse con lo que encontrara por la montaña renunciando a enseres materiales.

McCandless era un apasionado de la lectura, un tipo con una sensibilidad que difícilmente encajaba en el mundo en que vivía. Muy influido por  León Tolstói, que vivió entre indigentes renunciando a su posición buscando emoción y peligro, Chris quería pasar la etapa más importante de su viaje en Alaska, como una experiencia eremítica, encontrando la libertad en medio de una naturaleza poco amable.

Sobre esta historia real y apasionante trata el libro “Hacia Rutas Salvajes” de Joan Krakauer, un periodista que, atraído por la personalidad de este chico, investigó las causas de este viaje reconstruyendo todas sus etapas: por donde pasó Chris, las personas tan interesantes a las que conoció, con las que convivió durante el camino y compartió momentos  de su vida antes de que  finalmente se adentrara en las montañas de Alaska para cumplir su sueño. Es un libro que engancha desde el primer momento, por la forma en que está escrito y sobretodo por la aventura que relata.

Si aún así, no os apeteciera leerlo, peor para vosotros, pero tenéis otra posibilidad.  Sean Penn, grande entre los grandes, llevó al cine esta historia como director con gran acierto. La película “Hacia Rutas Salvajes” o Into the Wild, añade a la belleza de la aventura, la belleza aplastante de los paisajes en pantalla grande. Una fotografía magistral, el trabajo de los actores, la frescura del guión, el  cariño y la cercanía que el espectador siente inmediatamente por un protagonista no exento de contradicciones, hacen de esta película algo imprescindible. No obstante lo que destaca por encima de todo es la banda sonora. Cómo no nos iba a cautivar si el encargado es el mismísimo Eddie Vedder con canciones que hacen que esta historia se acabe tatuando en tu piel y si no me creéis, atentos a este video de Juan Giraldo sobre la película:


 

Ultramarinos Bodeler 

21 de noviembre de 2011

Y seguimos en prisión…

“Son hermosos ruidos que salen de las tiendas, atraviesan a las gentes y les mueven los pies. Baterías marchantes, guitarras afiladas, voces escépticas que cantan de política”…


El 1 de octubre 1993 se inauguraba la versión latinoamericana de la cadena musical MTV. Fue el comienzo de una aventura musical que me llevó por toda una geografía sonora hasta entonces desconocida por mí. Un viaje que aún me tiene en marcha y del cual añoro sus comienzos.
El primer videoclip que inauguró la transmisión de la cadena estadounidense fue “Sudamerican rockers”, perteneciente a la banda de rock chilena “LOS PRISIONEROS”.  Si bien para ese entonces esta banda contaba con una vasta trayectoria, para mí eran unos completos desconocidos.
Contagiada por el ritmo y las comprometidas letras de sus canciones, me incursioné a husmear qué había del otro lado de la Cordillera. Para mi grata sorpresa, me encontré con una banda de rock surgida en la década del ’80 que abarcaba estilos como el punk, new wave, electropop, etc., que marcó un antes y un después en la historia del rock chileno.
Los Prisioneros, surgidos bajo el régimen pinochetista, hablaban en nombre de una sociedad harta de vejaciones y violaciones a los derechos humanos y que reclamaba justicia social y democracia hasta quedarse afónica.
La denuncia bien explícita en sus letras, no solo hacía referencia a la polaridad que siempre caracterizó a la sociedad chilena, sino que también nos invitaba al resto de latinoamericanos, a reflexionar sobre nuestra propia identidad y nuestras elecciones políticas. En palabras de su cantante y principal compositor, Jorge González: “Sólo contamos lo que cualquiera siente. Hay gente que reclama contra la sociedad capitalista no porque se haya leído a Marx, sino porque simplemente no le alcanza la plata para comprar todo lo que la televisión le enseña que debiera tener para ser feliz”.
Desde su prisión nos regalaron majestuosas canciones como “El baile de los que sobran” (haciendo referencia a la desigualdad social vista desde la esfera educativa); “¿Por qué no se van?” (invitación al exilio a las clases pudientes de los países subdesarrollados que anhelan habitar en el Primer Mundo); “El otro extranjero” (el enemigo no es el trabajador que viene de afuera a labrarse una vida mejor, sino viene de mucho más al Norte, camuflado de empresario y para llevarse todo lo que encuentre a su paso); “Latinoamérica es un pueblo al sur de E.E.U.U” (excelente ironía sobre el encanto turístico latinoamericano y otros menesteres que nos hacen tan atractivos); “Ellos dicen no” (aludiendo a la censura mediática y al infravalorado rock cantado en español); “Muevan las industrias” (reclamo ante el desmantelamiento de la industria nacional y la llegada de capitales foráneos), etc.




Hace ya algunos años que Chile dejó de ser una dictadura y que los países de Latinoamérica gozan de cierta mejora económica en comparación con la nefasta década de los ’80. Sin embargo, la vigencia de sus canciones, hace de Los Prisioneros una banda de rock que jamás puede pasar de moda. Su legado es estructural, igual que la pobreza que nos profetizan los académicos de aquí a la eternidad.
Elecciones van, elecciones vienen. Índices que suben, estadísticas que bajan. Conferencias sobre Derechos Humanos, Pactos de Cooperación Internacional para un desarrollo sustentable. Observando nuestra fauna y escuchándolos a ellos, pareciera ser que seguimos en prisión…


Katrina Viribendi
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