27 de diciembre de 2012

Las fiestas de Gante


¿Qué decir de este buen hombre? Uyyy, podría decir muchas cosas!!!, pero voy a rescatar muy especialmente dos: su gran corazón y su genial humor. Polifacético artista, este buen amigo entra a nuestra habitación una vez más (no hace falta recordar que lo hemos nombrado miembro de honor!!!), para relatarnos este divertido ritual que cada año acontece en Gante durante las fiestas de julio. Amistad, reunión, música, baile, alegría y alcohol de por medio también, para celebrar las cosas buenas que tiene la vida. Y de eso, Ariel sabe mucho!!!. Sin lugar a dudas, su casamiento fue una de las fiestas más significativas que recuerdo...se celebró en una galería de arte, y Jak y él con sus palabras al comienzo, nos hicieron sentir que el festejo era compartido, que valía mucho la pena que estuviéramos ahí todos juntos...como en las fiestas de Gante. (Medea Paracas)

A partir de abril, en Gante se habla de pocos temas (ya en Bélgica se habla poco) tanto como de Las Fiestas de Gante. Estas fiestas se hacen durante diez días en el mes de julio. Sin saber lo que es, llegando mayo uno ya empieza a hartarse y en junio, el deseo de que haya pasado o de que nos atropelle un tranvía, se apoderó de nosotros.
Hasta que finalmente llega la fecha de la tan hablada fiesta. Haber escuchado tanto durante los últimos tres meses, nos habilita a asistir con un aire de normalidad y casi pesar, como quien va, como todos los años, al cumpleaños de la tía Lita a festejar Año Nuevo y ver llorar a nuestras abuelas.
Llegamos a la plaza de Bij Saint Jacobs y el aire festivo realmente se siente, como el olor a papas fritas y al de cerveza añejada al aire libre. Pero no es eso lo que llama la atención, no. La ciudad entera se transformó en un gran espacio de fiesta. Literalmente, todas las plazas y espacios públicos de la ciudad están unidos por sinfines de bares que sacan sus barras a la calle. Los bares más solventes organizan espectáculos y recitales multitudinarios. Hay en cada plaza un escenario en donde desfilan espectáculos las veinticuatro horas durante los diez días.

Foto por Knartist

La ciudad está sitiada de fiesta y tomada literalmente por gente más que tomada, pero con la mejor inspiración para la amistad. Se ven personas de todo el mundo. Un grupo de chicos para a cada muchacha guapa para sacarse una foto con el pretexto de regalar abrazos y quizás, anotarse una conquista.  
En la plaza del Mercado del Viernes han armado un parque de diversiones semiprofesional. Durante el día, los niños hacen cola con sus padres para sentir la adrenalina y durante las noches, legiones de mujeres hacen la cola son sus borrachos-niños-parejas en busca del desafío de no vomitar. Pocos lo logran.
Ya pasaron nueve días de fiesta en donde nos sentimos cada día más maravillados y pobres, por los afluentes ríos de vino por los que hemos nadado. Repentinamente, nos encontramos con gente que nos saluda como grandes amigos y a la que hemos conocido hace cuatro días. Creemos recordar quiénes son, pero no estamos seguros, ellos tampoco. Pero, no importa tanto. Sabemos ya en qué barra atiende quién y dónde es más pertinente acercarnos para desayunar papas fritas frescas.
El décimo y último día, el ¨Día de los bolsillos vacíos¨, todo es más barato aún y la gente está dispuesta a gastar hasta lo último que le queda. Sin embargo, hay en el ambiente un aire de negación. La natural reacción al final de la fiesta. Todos bailamos, pero mirando al cielo y deseando que por una vez no amanezca.
En la plaza de Baudelohof hay un escenario donde  normalmente un DJ pasa la música que nos gusta y el ambiente es más agradable, un poco menos muchedumbroso. Pero no, hoy hay un grupo de música, supongo folklórica, un poco celta, un poco belga, un poco de todo. Llegando las seis de la mañana, tocan una canción triste, con gaita, violín y una voz femenina. Pegados al escenario, no vemos a nuestras espaldas, y cuando nos damos vuelta para ver si la pelirroja todavía nos mira, vemos cómo la gente baila formando un círculo, agarrados de las manos. No son uno ni cinco, son todos los que giran en este círculo de despedida y amistad. Por algún motivo, esta música encaja perfectamente con ese baile-ronda y nos contagia esa nostalgia. Ya es hora de irnos. Pensativos y tristes. Pero, de tanta felicidad nos vamos casa a descansar merecidamente y esperar la oportunidad para hablar con nuestros amigos y colegas hasta quemarles los oídos de esta fiesta que ya no podemos esperar a que se repita.

AK-32

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