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5 de octubre de 2015

El mismo mar de todos los veranos


¿Cómo decir adiós?

 ¿Dónde se aprende?


¿ Cuál es el desvío para la desazón?


Despedida oxidada de tantas lágrimas contenidas.


Siempre ya no es siempre.


Atajos no me diste.


Si el mismo mar de todos los veranos.



Eterno azul,


en el amanecer y el atardecer,


en las horas alegres y en las desvaídas.


Un mar de infancia, inmenso,


donde siempre volver,


fiel compañero en la sucesión de los días.



Un mar salado , que todo lo cura,


como las lágrimas  que se deslizan por la mejilla


y son compartidas.



El mismo mar de todos los veranos,


dibujando una sonrisa en la arena.


El mismo mar,


el mismo horizonte.


Oleaje que susurra tu nombre.










VIRIDIANA, texto y foto













6 de julio de 2015

Tiempo de verano


Alguien dijo que la vida es un soplo.
Yo no lo sé.
El tiempo coge caminos diferentes,
El paso cambia.

Veloz y lento.
Anhelante y fatigado.
Jovial y torpe.
Exultante.
Trasnochado.
Madrugador,
Disipado.

Tiempo perdido.
Tiempo muerto.
Tempus fugit.
Tiempo de renacer.
Tiempo de verano.

El verano es un soplo,
en todo su esplendor,
en toda su fugacidad.

El verano huele a higuera,
suena a cigarra.
Suda y se resbala entre los campos,
va a parar al mar,
a borbotones,
al vibrante océano,
a los ríos como ojos verdes.
Baja desde las montañas,
el sol oblicuo tostando la piel,  acompañante.

Bienvenido el fuego purificador del solsticio,
las uvas de agosto,
las lágrimas de las Perseidas encendiendo el firmamento.

Todo es verano en este momento,
el oleaje ondulante ungiendo los cuerpos,
llevándose las penas y la memoria.

Todo es verano en este momento,
un canto rodado, caliente.
Un baile bajo un cielo estrellado.
Ojos trasparentes sin pasado.

Todo es verano.
Un soplo. Una estrella. Una ola.
Quédate un poco más.
Hazte cicatriz para el invierno.


Viridiana

29 de septiembre de 2014

Atrapar




Atrapar el colectivo
Atrapar al ladrón que se llevó mi cartera
Atrapar las ideas que se empeñan en no volver
Atrapar tus engaños y hacerlos añicos
Quedar atrapada en tu alma y dormir con ella quince noches y cuatro siestas
Atrapar el mar, contenerlo, abrazarlo, sentirlo
Atrapar las presas fáciles y desistir de las histéricamente difíciles
Atrapar tus instantes, reconvertir mis momentos, congelar nuestras horas
Sentir que quedamos gozosamente atrapados en una historia con final feliz
Atrapar mis desdichas y embrujarlas
Atrapar tus ojos, empalagarme con tu mirada, robarte ciento siete parpadeos y ocho lágrimas
Atrapar mis sonrisas y hacer de ellas carcajadas desopilantes
Atrapar la marea, así nos deja tener más playa
Atrapar una nube y pintarla de verde
Atrapar las melodías para que resuenen eternamente
¿Qué me faltó atrapar para atraparte?

Medea Paracas

19 de agosto de 2014

Descripción poética





La luna le teme al sol porque desnuda sus cicatrices.

La tijera suena a desgarro y desazón, huele a fragmentos y quemazón.

La cama piensa en los desahuciados que poco sudor le brindan.

El árbol es frágil como su corteza, endeble como su fulgor.

Si fuese una estrella no dejaría nunca de brillar, evitaría caer en un agujero negro y me buscaría el lugar más cómodo del firmamento para poder curiosear.

El corazón habla con el martillo, le cuenta sutiles cosas al oído, le confiesa que su atónito ruido no lo deja avanzar.

La piedra ve la hoguera y aunque arde cual quimera aún no se atreve a destellar.

La arena suena a evolución, a mares quebrados, a vidrios rotos, a playas eternas y a pétreas huellas. La arena suena a mí.

La ventana sabe a posibilidad, tiene el color del abismo y la textura de lo impensado.


La sombra oye huecos, escucha retazos y perfila desesperados.


Medea Paracas 



11 de junio de 2014

Las cabinas arden mal


Las cabinas arden mal podría cantar Sabina.


¿Dónde habitan las palabras no dichas, los silencios y las llamadas perdidas?


Los whatssaps  cuelgan en racimos de las pantallas rutilantes cual

adolescentes. Veloces mensajeros, vuelan de mano en mano, se desvanecen.


¿Dónde quedan las voces tintineantes, los susurros y las risas?


Los whatssaps se escurren de los teclados, sobreviven en los emoticonos 

prefabricados.


Las cabinas arden mal en el país de la espera, de los insomnes recuerdos. Al

otro lado de la línea, las voces se amotinan y se expanden. Sus ciudades, con 

un teléfono sonando en cada esquina, despiertan.





Viridiana, texto y fotografía




4 de marzo de 2014

Bienvenido galleguito



Desde allí, intensidad.
Desde aquí, ansias extremas.
Navegan los latidos
y se escuchan encallar,
en el puerto seguro
que espera su arribo,
en el deseo profundo
que aguarda su despertar.

Los instantes se convierten
en anhelados presentes
y los novatos momentos
se transforman en preciados recuerdos.
El allí ya es aquí.
Ha cruzado el otro lado,
y aunque venga fatigado,
tiene un mundo entero por morar.

Tranquilo pequeño tesoro,
no parpadees con apuro,
que la atención es tu amuleto más seguro
en este otro vibrar.

Guarda alientos y sospechas,
no pierdas tu entereza,
que aunque cueste esta proeza,
la vida vale la pena
aunque sea para divagar.


Laurencia Melancolía


30 de diciembre de 2013

Reencuentro




El día en que te fuiste
se pasó una hoja de mi libro o un capítulo quizás.
Los aviones apenas tardan unas horas,
Las personas, en cambio, tardan leguas de tiempo.
Cruzar el charco, lo llaman.
Atravesar el océano sin billete de vuelta.

Sabía que te volvería a ver, 
pero Buenos Aires se empeña en estar
a demasiadas paradas de metro.
Y el destino es incierto, o eso dicen.

Ayer el avión regresó después de mil mensajes
varias llamadas y unos cuantos paquetes.
Ese Atlántico que no todo lo puede,
te ha dejado en la costa como una botella de cristal.

Y allí estabas, de nuevo, frente al Corte Inglés.
Sin la frente marchita, sin las sienes plateadas.
Febril la mirada, nerviosa la sonrisa,
deseado el reencuentro. 

Pasear por las calles del gótico,
oír tu acento  porteño,
comer un shawarma resolviendo el mundo,
como si a Nasir no le hubieran pasado los años.
Tesoros, momentos que siempre soñé.

No habrá pañuelos cuando vuelvas a irte
porque algún día, alguna tarde,
volveremos a recorrer esas callejuelas
testigos de nuestras horas.
Si será en el río de la Plata o en el Mediterráneo
tan sólo lo sabe el océano que nos separa.



Ultramarinos Bodeler


23 de diciembre de 2013

La vuelta


Fue ansiada y temida,
lejana y perceptible,
pensada y soñada.
Pero, el pretexto se
transformó en argumento
y el fundamento,
se perdió en el mar.

A los albores de mi regreso,
cuánto sé yo lo que me espera,
cuánto sabrán ellos,
qué fue de mí.

Y aunque las inquietas aguas
hagan del trayecto una osadía,
quién pudiera sortearlas con ufanía,
quién pudiera partir para no volver.

Hoy marcho con rumbo cierto,
vuelvo al lugar del cual nunca me fui.
Espéreme falso destino,
no sea cobarde conmigo,
no se ría de mí.

Que la espera eterna
me marcó como fuego,
que el llanto que alquiló
mis huesos, aún no se quiere ir.


Laurencia Melancolía


16 de septiembre de 2013

Por sobredosis de juicio




Subió en coche a un acantilado cualquiera
buscando la típica escena de soledad y autoflagelación.
Subió porque desde allí solo ves el mar,
sólo se escucha su silencio.
Era una buena manera de dar la espalda,
retar a un mundo cada vez más loco
donde él ya no tenía espacio por sobredosis de juicio.
Lo sospechaba desde el principio,
pero quiso creerse sus cantos de sirena.
Cogió el coche y subió allí arriba,
donde no disgusta la sin razón de la gente,
porque nadie te ve, ni te escucha.
No importa nada,
no hay propaganda, ni rencores, ni egoísmos.
Y se encontraba a gusto, no creas.
Pero los días también se hacen largos estando de pie frente al océano.
Así que decidió saltar, aunque sólo fuera por probar
si en el fondo del mar, podría volver a andar.



Ultramarinos Bodeler

21 de mayo de 2012

Oda al negro


No pretendo quitarme la vida ni tampoco estoy de luto.
La tristeza y la angustia no son causa de este artilugio.

Me gusta el negro porque refleja intensidad,
es un color profundo que me permite jugar,
a borrar las fronteras que día a día,
mis hermanos insisten en crear.

Visto de negro no porque tenga un malestar,
es para mí una luz que me permite brillar.

No quiero deshacerme del mundo ni negar su diversidad,
quiero vestir la faceta más sensual y elegante que me supo dar.

El negro es para mí una perla en la inmensidad,
un refugio donde descansar,
un grito que se niega a callar,
un susurro que invita a soñar.

Aquí estoy eligiéndote una vez más,
¡a vos negro querido!,
vamos juntos a destellar,
en este camino insensato y colorido que nos quiere marginar.

No le demos importancia y no nos dejemos claudicar,
que vos y yo sabemos,
que para vestir de negro,
hay que saber luchar.


Medea Paracas



23 de enero de 2012

AMOR S.O.S.

¿Qué dónde vivo?
En el umbral de mis deseos.
¿Qué dónde me oculto?
En la colina de la nostalgia.
¿Qué por dónde he andado?
Por los lugares más inhóspitos.
¿Qué por dónde me he ido?
Por la puerta de la agonía.

¿Qué quieres venir a buscarme?
Yo aquí te espero.
¿Qué no sabes cómo decírmelo?
Sé sincero.
¿Qué la duda te roba las palabras?
Intentá con los gestos.
¿Qué el tiempo nos arrebata las esperanzas?
Entonces, no nos demos por vencidos.

Itsamá Araucanía

7 de noviembre de 2011

A todas ellas,



A la que carga con la mochila de los recuerdos a cuestas.
A la que sigue confiando pese a los vaivenes de la vida.
A la que continúa sonriendo para ocultar su timidez.
A la que los ojos le brillan cuando el amor le roba la conciencia.
A la que se sigue sonrojando cuando la halagan.
A la que se emociona cada vez que la estiman.

A la que sueña con un mundo mejor.
A la que idealiza batallas perdidas.
A la que la compasión la vulnerabiliza.
A la que la vida le pegó varias bofetadas.

A la que se quedó esperando en el baile, irse con el más guapo.
A la que lloró a rabiar el engaño.
A la que los suspiros le causaron asma.
A la que la melancolía subsumió en su Hades.

A la que grita cada vez que percibe una injusticia.
A la que calla por miedo a ofender a alguien querido.
A la que lucha por ser la protagonista de su historieta.
A la que le gusta saber los finales de las películas, sin verlas.

A la que a cada esquina, ansía un encuentro.
A la que cada carta, provoca un festejo.
A la que anhela tener unos prismas más grandes, para no perderse de nada.
A la que apuesta por una vida intensa.

A la que los cuentos alimentaron sus fantasías.
A la que el miedo muchas veces le quitó la perspectiva.

A ellas. A todas ellas, yo les dedico mis días. Mis penas y mis glorias.
A ellas, a todas las mujeres que habitan en mí, a toditas todas.
A la primera y a la última. Por y para ellas.

Katrina Viribendi


29 de octubre de 2011

MEDEA




Mujer, que tuerces el destino,
devuélveme la fe.
Mujer, que habitas en la penumbra,
hazte ver.
Mujer, que amas sin mesura,
envuélveme otra vez.
Mujer, que deseas con locura,
sacia tu sed.

Mujer, que atraviesas los mares,

retorna a mí.
Mujer, que todo lo sabes,
no reveles mi fin.
Mujer, que todo lo callas,
grita por mí.
Mujer, que todo lo padeces,
ahoga tu sufrir.

Laurencia Melancolía
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