17 de diciembre de 2012

Recreando el fabuloso y desconcertante mundo de...


Alejo Carpentier, escritor cubano, 1904-1980. 
 
Gran idealista si los hubo. Allí, encerrado en su celda, Alejo se preguntó sobre el reino de este mundo. ¿Dónde los Hombres pueden encontrar su grandeza? ¿En qué lugar permanece oculta? En la cárcel, había muchas de las miserias humanas que de niño observó. Él, se había propuesto develar las raíces de una tierra que lo fascinaba y lo confundía a la vez. Sentía el irrefrenable deseo de describir aquella América Latina donde la realidad sufría de una endémica alteración. En búsqueda de nuevas texturas, él y sus personajes se dispusieron a marchar sobre los senderos de lo inexplicable.



Enrique Anderson Imbert, escritor argentino, 1910-2000. 

Dicen que su propia locura muy pocas veces jugó al ajedrez. Aunque también dicen que no fue profeta en su tierra. Lo que sí es cierto, es que Enrique tenía una imaginación frondosa y una vasta cultura. Fueron ellas las que le permitieron crear mentiras y mentirosos. Con ellas, se animó a librar una batalla entre la emoción y el intelecto, otorgándole el triunfo a una irracionalidad para nada cauta. Enrique bien sabía que la razón no resolvía nada, y en sus cuentos policiales, ante la carencia de soluciones lógicas, le dio el protagonismo a la magia.



Luciano Saracino, escritor argentino de historietas y libros infantojuveniles, 1978-.

Luciano tenía una pregunta bastante trascendental: ¿a dónde van a parar los recuerdos cuando los olvidamos? Ingeniosamente, se dio cuenta que necesitaba rescatar sus historias del poderoso olvido. Él sabía cómo arrebatárselas. Muchas de ellas, habían nacido de las meriendas de la infancia disfrutadas con amigos. Esos mágicos momentos, donde se reía de los monstruos y la amistad se sentía más pura. En búsqueda de sus propios recuerdos, se fue surcando los mares de la escritura, convirtiéndose en un experto conjugador de palabras y fantasías.



Emily Gravett, escritora infantil inglesa, 1972-. 

Para Emily, los animales cobran vida. Y por ello, en sus libros hay detalles divertidos y dibujos atrapantes con escala propia. En su temprana juventud, esta nómade y aventurera anduvo por la carretera de la vida, lo cual la llenó de infinidad de recuerdos y unas lindas rastas en su cabeza. Aquellos años precarios y hippies hicieron de esta “holgazana”, una astuta escritora. Un día quiso explicarle a su hija cómo era la vida. Y fue así entonces, cuando comenzó a escribir y dibujar. Conejos, lobos, osos. Todas aquellas existencias paralelas que no transitan rutas convencionales…como ella.





Laurencia Melancolía

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