25 de marzo de 2013

Adiós





Allí lo esperé. Hacía horas que mi soledad tiritaba y mi desconsuelo comenzaba a resquebrajarse. Pero él aún no venía.
Me habían llegado rumores de que había emprendido arduos y largos viajes, pero sus señales cada vez se tornaban más escasas.
Mi gente, que era también la suya, me instaba a no perder la fe. Por más complicada que fuese la circunstancia, él siempre daba algún centello de esperanza. Pero, la incredulidad se hacía profunda y el devenir impostergable. ¿Quiénes aún podían esperarlo?-desilusionado me preguntaba.
Pasaron las horas. Pasaron los días y los meses. Y cuando los años fueron evidentes, me marché. Culpado fui de engrosar las filas de los infieles. Desterrado fui del paraíso cuyas mieles me quedé sin saborear.
Ahora ardo junto a los otros. Junto a aquellos que nunca estuvieron o que como yo, se cansaron de esperar. El fuego quema y duele, irrita y repele todo anhelo de un más allá. Es cierto que ahoga y destruye, pero no lastima tanto como el saber que él nunca vendrá.

Vespertina Incrédula

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