18 de marzo de 2013

Caderno de Xaneiro

El escritor viste pantalón rojo, gabardina color arena, cabello canoso ensortijado desobediente de la puesta en escena perfecta. Es sábado por la mañana, de paso por la capital de los proyectos y presentaciones, entrevistas y autógrafos. Lleva en su mano izquierda un cuaderno tamaño cuartilla, negro jaspeado, con recuadro blanco donde se lee: Caderno de Xaneiro. Se escurre entre los pasillos de la exposición de su paisano Virxilio Vieitez. Pasillos, como los caminos y calles de los pueblos de Terra de Montes que el fotógrafo recorrió una y otra vez cámara en mano, llenos de miradas duras, ilusionadas, hieráticas, inocentes.
 
El escritor recorre esos pasillos con parsimonia, de manera ceremoniosa. Se detiene en cada una de las fotografías. Nacimientos, comuniones, bodas y velatorios. Jóvenes ilusionados. Niños que juegan. Familias. Viudas. Mujeres que esperan el regreso del inmigrado a ultramar. Caras endurecidas por la cotidianidad de la España rural de los años 50-70. Fotografías nacidas para atestiguar los ciclos vitales, los grandes acontecimientos, la solemnidad de la vida que pasa, las ausencias, las esperanzas. Fotografías por encargo que desde la mirada de Virxilio Vieitez se convierten en memoria visual de una época, de un pueblo, de unas costumbres.
 







El escritor observa atentamente la reacción de la gente ante estas fotografías de miradas intensas y sentimientos congelados en algún vértice del tiempo. Escucha lo que unos y otros comentan, sus sonrisas,  sus silencios. Intuye sus pensamientos. Las escenas les son muy familiares, se reconocen, recuerdan, extrañan. Pasaron los años, España caminó rápido y cambió el modo de ser, de ver. Pero ante estos retratos, fogonazos de realidad y crudeza, no pueden evitar una desazón, una incertidumbre.

El escritor graba todo lo visto y escuchado en su memoria, más tarde lo escribirá en su cuaderno negro jaspeado, su caderno de xaneiro,  que sostiene con firmeza, como un talismán protector. Acta notarial donde dar fe de todo lo que acontece a su alrededor, de la escurridiza realidad, de los giros de la historia. Se despide de su paisano con una media sonrisa, pensativo, con agradecimiento por este lúcido encuentro de rostros en blanco y negro e interrogantes.
 
Viridiana

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