Corrían
los años 70 cuando una sorprendente
noticia saltó a las primeras páginas de los periódicos: Un tal Elmyr de Hory
había vendido durante más de tres décadas miles de obras falsificadas de
pintores consagrados, el mayor fraude de toda la historia del arte. Las prodigiosas
pinceladas de Picasso, Derain, Degas, Matisse, Renoir, Cézanne… habían sido
reinterpretadas con tal destreza por su mano que ávidos coleccionistas, galerías
de arte y expertos no dudaron en adquirir tan codiciados objetos.
En
una entrevista que se le hizo en 1973 afirmaba que él no era un falsificador sino
una víctima: “La palabra me desagrada, y
además no la encuentro justa. Soy víctima de las costumbres y las leyes del
mundo de la pintura. ¿El verdadero escándalo no es acaso el propio mercado? En un mero plano artístico,
desearía considerarme como un intérprete. Al igual que se ama a Bach a través
de Óistraj, se puede amar a Modigliani a través de mí”.
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"De Hory a la forma de Derain" |
¿Burda
estafa, sacrilegio o contestatario discurso contra el orden establecido? Cualquiera
que sea la respuesta, no sólo consiguió enriquecerse, también logró el
reconocimiento como pintor que tanto anhelaba y la gran paradoja: que ahora un
Elmyr pueda alcanzar una cifra nada desdeñable.
En EEUU, un tal Calixto Rodríguez, músico y compositor, publicaba su primer
álbum: Cold Fact (1970). Al año
siguiente vendría Coming from the reality
(1971). Todo hacía presagiar que sería un nombre para la historia, sus productores lo veían como un músico a la altura de Bob Dylan, pero más "funky". Las ventas de los discos
fracasaron en EEUU, quizás por el poco acceso de su distribuidora a los
circuitos de emisoras de FM, lo que hizo que no pudiera permitirse continuar
con su carrera musical.
Mientras
las canciones de Rodríguez se desdibujaban en el limbo del olvido, una
grabación pirata voló hasta la Sudáfrica del Apartheid y se convirtió en un
fenómeno de masas y símbolo de la lucha de este país. Aunque en 1991 sus álbumes
fueron reeditados en Sudáfrica, ninguna noticia tuvo Rodríguez de este inesperado
éxito ni de sus frutos. No obstante, tal y como se narra en el maravilloso
documental Searching for Sugar Man
(2012), dos tenaces fans sudafricanos investigaron la historia de su misterioso
ídolo desaparecido de la faz de la tierra
y consiguieron contactar con él. Finalmente, en 1998 el artista viajó a
Sudáfrica para hacer una gira, siendo
recibido en honor de multitudes. Entre la incredulidad y la felicidad se
entregó totalmente a los 6 conciertos programados donde no quedó una sola
entrada por vender. Rodríguez destinó los beneficios de los conciertos a ONGs y
volvió a la ciudad industrial de los altos edificios, la Inner City Blues, a continuar con su austera vida
tal y como la había dejado. De vez en cuando vuelve a Sudáfrica para hacer conciertos.
Dos artistas en la fina línea que separa el rechazo
del éxito. Elmyr de Hory y Sixto Rodríguez, dos personajes antagónicos. Dos miradas a
contracorriente que nos dejan un gran interrogante: ¿A través de que ojos vemos
el Arte?
Viridiana
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