8 de abril de 2013

Se busca Arte

Corrían los años 70  cuando una sorprendente noticia saltó a las primeras páginas de los periódicos: Un tal Elmyr de Hory había vendido durante más de tres décadas miles de obras falsificadas de pintores consagrados, el mayor fraude de toda la historia del arte. Las prodigiosas pinceladas de Picasso, Derain, Degas, Matisse, Renoir, Cézanne… habían sido reinterpretadas con tal destreza por su mano que ávidos coleccionistas, galerías de arte y expertos no dudaron en adquirir tan codiciados objetos.

En una entrevista que se le hizo en 1973 afirmaba que él no era un falsificador sino una víctima: “La palabra me desagrada, y además no la encuentro justa. Soy víctima de las costumbres y las leyes del mundo de la pintura. ¿El verdadero escándalo no es acaso el  propio mercado? En un mero plano artístico, desearía considerarme como un intérprete. Al igual que se ama a Bach a través de Óistraj, se puede amar a Modigliani a través de mí”.
 
"De Hory a la forma de Derain"

 
 
¿Burda estafa, sacrilegio o contestatario discurso contra el orden establecido? Cualquiera que sea la respuesta, no sólo consiguió enriquecerse, también logró el reconocimiento como pintor que tanto anhelaba y la gran paradoja: que ahora un Elmyr pueda alcanzar una cifra nada desdeñable.
 
En EEUU, un tal Calixto Rodríguez, músico y compositor, publicaba su primer álbum: Cold Fact (1970). Al año siguiente vendría Coming from the reality (1971). Todo hacía presagiar que sería un nombre para la historia, sus productores lo veían como un músico a la altura de Bob Dylan, pero más "funky". Las ventas de los discos fracasaron en EEUU, quizás por el poco acceso de su distribuidora a los circuitos de emisoras de FM, lo que hizo que no pudiera permitirse continuar con su carrera musical.
Mientras las canciones de Rodríguez se desdibujaban en el limbo del olvido, una grabación pirata voló hasta la Sudáfrica del Apartheid y se convirtió en un fenómeno de masas y símbolo de la lucha de este país. Aunque en 1991 sus álbumes fueron reeditados en Sudáfrica, ninguna noticia tuvo Rodríguez de este inesperado éxito ni de sus frutos. No obstante, tal y como se narra en el maravilloso documental Searching for Sugar Man (2012), dos tenaces fans sudafricanos investigaron la historia de su misterioso ídolo desaparecido de la faz de la tierra  y consiguieron contactar con él. Finalmente, en 1998 el artista viajó a Sudáfrica  para hacer una gira, siendo recibido en honor de multitudes. Entre la incredulidad y la felicidad se entregó totalmente a los 6 conciertos programados donde no quedó una sola entrada por vender. Rodríguez destinó los beneficios de los conciertos a ONGs y  volvió a la ciudad industrial  de los altos edificios, la Inner City Blues, a continuar con su austera vida tal y como la había dejado.  De vez en cuando vuelve a Sudáfrica para hacer conciertos.
 
Dos artistas en la fina línea que separa el rechazo del éxito. Elmyr de Hory y Sixto Rodríguez, dos personajes antagónicos. Dos miradas a contracorriente que nos dejan un gran interrogante: ¿A través de que ojos vemos el Arte?
 
Viridiana

 

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