13 de enero de 2014

La inclusión excluyente


 
De mi experiencia docente que no es mucha contada en años, pero sí intensa en cuanto la complejidad de la labor y lo inabordable de determinadas circunstancias, puedo dar fe (si es que algo de este don habita en mí) que algunas políticas educativas de antaño y con mayor proporción las contemporáneas, se disfrazan con sus mejores galas para competir por el podio de la igualdad y la eficiencia, llevando como bandera el concepto de inclusión (tan de moda por una buena parte del globo terráqueo), mientras que lo único que realmente están haciendo es condenar a miles de jóvenes a los eslabones más bajos de una marginalidad premeditada por un sistema que divide y reafirma categorías de seres humanos por doquier.

En la última jornada institucional a la cual asistimos l@s docentes que trabajamos para el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, nos informamos de una nueva propuesta de reforma impulsada desde las altas cúpulas para en nombre de la inclusión, revertir el fracaso escolar y hacer un poco más transitable (por no decir fácil) el pase de año dentro del nivel secundario. Es decir, que en vez de pasar de año con dos asignaturas previas (suspendidas), l@s alumn@s puedan tener la posibilidad de pasar con tres previas, entre otras “ayudas”. Según su retorcida lógica, bajar el nivel de exigencia y esmerarse por ir en detrimento de la calidad educativa, son dos requisitos indispensables para “incluir”. No importa realmente con qué contenidos, herramientas y habilidades terminan l@s alumn@s la escuela, lo que realmente cuenta es que tengan un título secundario… ¿para qué?
 
Est@s geni@s de la educación, artífices de políticas verdaderamente excluyentes, lo que en el fondo buscan con sus perversos propósitos, es bajar los índices de fracaso escolar para llenarse la boca con estadísticas vacías que anuncian altos porcentajes de alumn@s escolarizad@s. Su rédito político está en pasarse horas en los medios de comunicación exhibiendo números que dejan contentos solo a quienes no saben interpretarlos.  

Aquell@s que esferas arriba nos “orientan” y aconsejan cómo actuar, son quienes poco transitan las aulas y nulo contacto tienen con aquellas familias que nuestro sistema económico se ocupa de esclavizar, fragmentar y apalear. Representando esta ideología hipócrita y a mi entender, verdaderamente maligna, una funcionaria experta en “fortalecimiento institucional” me argumentaba que no era necesario sumar más horas en clases de apoyo o vinculadas a metodología de estudio, ya que l@s alumn@s no asisten a ellas. Es mejor bajar el nivel de exigencia, cambiar el sistema vigente para que puedan pasar de año sin tantos inconvenientes, que empeñarnos en hacer que l@s jóvenes aprendan más y mejor.

Lo cruel de todo esto es que est@s funcionari@s no se preguntan por qué l@s alumn@s no asisten a esas clases, qué es lo que está pasando dentro de sus familias, de su entorno social y del conjunto de la sociedad que hace que cada vez en las aulas se vea menos el culto al trabajo, la responsabilidad, el respeto, la organización, la solidaridad, la tolerancia, el esmero, etc. Est@s polític@s que a veces cuadriplican el salario de cualquier docente, buscan incluir excluyendo. Se regodean aludiendo sus altos conocimientos en materia de derechos humanos argumentando que es mejor que “un/una joven esté dentro de la escuela, que no en la calle delinquiendo”. Y así, las escuelas públicas funcionan como meros receptáculos temporarios de jóvenes mayormente provenientes de clases pobres, sirven para evitar que es@s chic@s durante unas horas al día no estén drogándose o robando, aquí radica la funcionalidad de la escuela pública en la actualidad.

Si aprenden, si se forman como ciudadan@s crític@s que pueden el día de mañana revertir un modelo que los oprime y margina, eso carece de interés y por el contrario, debe combatirse. Ciudadan@s con poca interacción neuronal es lo que desean fomentar l@s paladines de la “inclusión”. Aquellas familias que puedan costear una escuela privada donde abunden las clases de apoyo, donde el nivel de exigencia sea alto y las horas dedicadas al estudio y al trabajo proliferen por sobre las “horas libres por ausencia de profesores/as o suplentes” serán aquellas que estarán más capacitadas para jugar a la ruleta rusa posmoderna.

Sepan est@s polític@s criminales que tener un título secundario no es lo que realmente hace la diferencia en este mundo antaño globalizado, tener la inteligencia y habilidades necesarias para enfrentar una vida que desde la base es desigual, injusta y por momentos asfixiante, es lo que a much@s les dará la posibilidad de salir a flote. Con cerebros sedentarios poco camino recorreremos en pos de la justicia social.

 

Vespertina Incrédula

 

 

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