20 de julio de 2015

Meva tieta


El momento está cerca ya, está con dosis altas de morfina. Yo también quiero morfina. No quiero sentir tu muerte. No quiero enterarme por un mensaje de whatsapp que te vas. Me  rebelo ante tu inmediata y presunta partida.
Yo también quiero que me den un poquito de eso. A cambio, les doy unos cuantos suspiros, exhalaciones y órganos sanos. Células poco contaminadas, sangre con algo de colesterol, pero con leucocitos guerreros, de esos que batallan hasta las últimas.
No quiero que te vayas.  ¿Está mal pedir, suplicar eso? No quiero dejar de hablar con vos. Me niego rotundamente a no volver a apalancarnos los domingos en el sillón de tu living, enfundadas en nuestros cómodos pijamas a prueba de depresión. Quiero que sigamos viendo pelis juntas, que suframos por historias de amor que no existen. Quiero que sigamos yendo al Frankfurt del carrer del Mar, que me cuentes tus chistes verdes, que me prepares los macarrones con boloñesa.
Necesito morfina yo también. Porque no tolero la idea de no volver a verte, de no recibir camisetas de invierno como regalo de Navidad, de no tomarnos un tesito Cachamai después de almorzar. 
Quiero morfina para mí y para vos. No le vamos a permitir ni a Dios ni a la teoría del Big Bang que te saque del universo. No le voy a dejar a ese puto cáncer otra oportunidad para que destroce tus defensas físicas ni mis defensas emocionales.
Nos vamos a emborrachar con morfina. Vas a dejar ese hospital y nos vamos a ir a la mierda. ¿Sabés por qué? Porque la muerte no dignifica, llanamente nos agota la existencia. Y yo no quiero que dejes de existir.

Itsamá      



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