29 de enero de 2013

Babel

Qué importante que entre nosotros reine la homogeneidad, la uniformidad, la unanimidad. Amén. El otro, el diferente, sólo podría ser un enemigo. Un bárbaro. ¿Para qué un curriculum escolar donde se trabaje la interculturalidad, la diversidad, la inclusión? Todos iguales, en fila, unos detrás de otros.
 
El miedo al diferente se ha colado entre las grietas de la historia una y otra vez, ha sido espoleado con consecuencias horrorosas, ha generado guetos y exclusión. El miedo al diferente es ignorancia. Ostracismo y oscuridad. Instrumento para el poder y el control social.
¿Os imagináis un piano con una única nota, de sonido monocorde e invariable? La música surge donde hay diversidad. La heterogeneidad no solo conforma la belleza de esta melodía que es “Babel”  sino que es una necesidad para el crecimiento  y la libertad de las sociedades actuales. ¿Por qué acaso no somos todos diferentes, raros? Pensamos, sentimos, decimos, miramos de manera tan diversa… esto es así.  Todos de una forma u otra pertenecemos a una “minoría cultural”, a varias, que se mezclan y se hibridan, que cambian con el tiempo, que se cuestionan y se complementan, que se definen por antagonismo. Un calidescopio  muy peligroso para el pensamiento único dado a definir fronteras rígidas e impermeables allí donde hay movimiento, intercambio e intersecciones.
 

Defender el derecho a la diferencia y darle protagonismo en el foro social no es negar los principios universales relativos a la condición humana, no es parapetarse en el relativismo, en el “todo vale”. El  derecho a la diferencia no niega la necesidad de un marco social de derechos _y obligaciones _ compartidos, esto es innegociable. El derecho a la igualdad y a la diferencia van de la mano en las sociedades democráticas.
 
En un panorama global donde cada vez estamos más interconectados, donde se producen influencias complejas  y dinámicas, donde se traspasan fronteras nacionales y personales,  relegar de los espacios educativos los contenidos y el reconocimiento de otras culturas, de la desigualdad de género, de la diversidad en los modelos familiares, de la orientación sexual… no es un tema baladí. La educación en la tolerancia y libertad es la principal asignatura para la construcción de una ciudadanía autónoma y democrática. Es un arma poderosa para el cambio y la construcción de sociedades más inclusivas e igualitarias.  Y claro está, esto da mucho wértigo al modelo único cultural, con aspiración a ser isla alejada de la fabulosa Babel.
 
Viridiana
 

2 comentarios:

  1. Genial reflexión y aporte!!! un brindis por miradas, colores, acentos, sentimientos, olores, clamores, todotes todes de diversos reversos!!! un abrazo bien sureño!!!

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