2 de enero de 2013

Que lo veamos a otro año


Kerana repite, sobran entonces las presentaciones y también sobran los motivos. Vuelve siempre que quieras. (Ultramarinos)

Mi familia es grande y poco familiar. Sólo nos juntamos todos una vez al año, y curiosamente no es en navidades.
Estas reuniones anuales tienen su propio ritual. Primero, la convocatoria, que se lanza un mes antes para empezar a ajustar fechas. Cada uno tiene sus compromisos y nunca parece prioritario celebrar el cumpleaños de la abuela, como si no cayeran ya 84, como si al cantar nos creyéramos la parte “y que cumplas muchos más”.
Después, la abuela empieza con que si va a ser tan complicado no se celebra, que a ella le da igual, y acabamos concretando lugar, fecha y hora.
Comemos juntos, los más pequeños aprenden que toda esa gente es su familia, nos preguntamos por los trabajos, los novios, los coles, y comentamos lo mal que está todo. Pero en el fondo al vernos nos damos cuenta de lo bien que estamos todos. Nadie realmente sin trabajo, nadie realmente enfermo, nadie realmente sin futuro.
Aunque al principio nos pueda el individualismo o nuestras rutinas, de cada reunión salen las ganas para la siguiente. Como dice la abuela,          

“que lo veamos a otro año”




Kerana

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