17 de junio de 2013

Yo te pido


Te pido que cuando grites, humilles, infravalores, lastimes, inflijas, hieras, golpees, destroces, destruyas, discrimines, insultes, dañes, menosprecies, maldigas y recrimines, te acuerdes que YO estoy ahí.
Porque yo te miro, te escucho, te imito, te repito, una y otra vez. Aunque no te des cuenta, ahí estoy. Las primeras veces, perplejo, las segundas, inquieto, y para las terceras, ferozmente activo.


No culpes a la vida, a la injusticia, a la impotencia, a la rabia, a la inseguridad, al mal proveniente del inframundo, a la detestable especie humana, de ser cómo eres. Porque tú eres mi motor de cambio, mi ejemplo a seguir. Porque sobre tus hombros me construyo, me perfilo, me defino.
No seas irresponsable ni delegues en otros una educación que conjuntamente compartimos. Porque lo que hoy observo, es fruto de la violencia venidera, del continuo círculo vicioso del maltrato que solo tú puedes quebrar. Tú y el de al lado, y el más próximo a él, y el que le sigue, y el que está por detrás, y el que viene después, y el que apareció por el costado, y el que se escondió debajo, y YO.


Así que tan solo un instante recuerda dónde y cómo se inició todo. Permíteme disentir, dame la chance de tomar otro camino, de escuchar otras palabras, de ver otras formas posibles de amar. No me hagas esclavo de tu ira ni preso de tus miedos. Guíame por el camino más certero, aquel que conduzca a la tolerancia y a la libertad. Concédeme el beneplácito de ser tu igual, a mí y a los otros. No nos quieras denigrar con tu pasado ni condenarnos con tu amargo devenir.
Y te pido que me escuches, me mires, me acaricies y me cuides. Porque soy tu semilla más fértil, tu huella imborrable en este efímero latir.




Itsamá Araucanía



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