10 de diciembre de 2013

Nelson Mandela





A estas alturas no os viene de nuevas la noticia, Nelson Mandela falleció la semana pasada. En todo el mundo hay homenajes y muestras de cariño,  aunque personas como él nunca van a desaparecer.  En estos tiempos de políticos mediocres, más preocupados por su ego y por  sus arcas fomentando el enfrentamiento entre pueblos y la discordia entre iguales, la figura de Nelson Mandela se hace más importante si cabe.  Líder desde la cuna, con un carisma difícil de medir siquiera con palabras, un hombre con una humanidad insólita,  un hombre bueno, en definitiva.
Sabemos que Mandela, miembro de la CNA, estuvo encarcelado durante 27 años acusado de intento de golpe de estado  contra el régimen dictatorial del Apartheid. Sabemos que su celda era mínima y la vida en prisión muy dura.  Que al salir, se encuentra con una Sudáfrica desestructurada, con continuos estallidos de violencia de grupos radicales y al borde de una guerra civil.  Sin embargo,  él  organiza manifestaciones pacíficas a lo largo y ancho del país a modo de resistencia no violenta en la línea de Gandhi. De hecho en una de sus primeras declaraciones en libertad  proclama “Coged vuestras pistolas, cuchillos y machetes y  tirándolos al mar”. Al presentarse a las elecciones presidenciales consigue más del 60% de votos.


Madiba  Presidente medió con los africaners y con los grupos extremistas y contra todo pronóstico nombró ministros a algunos cargos del antiguo régimen para que ayudaran a construir la nueva era.  Dio lugar y voz  a todas las personas independientemente de su raza  y quiso imponer la  Justícia antes que la Fuerza.  Buscó lo imposible,  algo que les uniera, símbolos comunes que reforzaran el sentimiento de nación multirracial no excluyente  y para ello fue fundamental el deporte con el que consiguió que, por primera vez, todos los sudafricanos se entusiasmaran con un objetivo común.




Mandela no se presentó a la reelección aduciendo que pertenencia a una generación de hombres cuyo fin era conseguir la democracia en su país. Él no sólo había conseguido eso, sino que consiguió admirar al mundo entero. Viajó incansablemente hasta su muerte. Se entrevisto con todos los líderes de la comunidad internacional y se convirtió en uno de los hombres más importantes de la historia y en un ejemplo a seguir por todos. Ahora con su muerte, se convertirá en mito, si es que no lo fue ya mientras vivía.  

Me pregunto cómo una persona, encerrada durante casi tres décadas,  al que han hecho sufrir de tal modo, sale de prisión sin ningún ápice de rencor ni ansias de venganza en su corazón. En cambio yo creo que  Mandela consiguió la mejor de las venganzas: la gestión de una transición democrática ejemplar rehuyendo la violencia de unos y otros, la unión de pueblos y razas y la  libertad, el perdón y la humanidad como  única bandera posible.


Ultramarinos Bodeler

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