23 de febrero de 2015

Diccionario disparatado


Ojera encadenada: dícese de aquellas ojeras que al despertar sulfuran dióxidos altamente contaminantes para las mentes perturbadas.

Deshollinador de caníbales: nombre que recibe aquél que muele la suciedad de almas impías.

Puertas desglosadas: son aquellas que una vez abiertas, permiten la entrada de amores desafortunados y parientes desconocidos.

Fumigador de tornados: apodo vulgar que hace referencia a quien en su más sensata desdicha, se dedica a desinfectar los tormentos de su ira.

Bestia arbolada: es aquella bestia cuyas raíces se enjambran hasta niveles litosféricos. Suele abundar en regiones habitadas desde el Mesozoico y en raras ocasiones, puede encontrársela en desiertos inoportunos.

El candelabro regurgitador: nombre de la famosa opereta escrita por el célebre August Irrevendenterius, en la cual un candelabro del siglo XV comienza a expeler las penas y alegrías de los famosos escritores a los cuales ilumina.

Deshojar catedrales: acción de quitar polvo, prejuicios e infamias de las catedrales. Fue impulsada desde los albores de la Ilustración, radicalizándose durante el siglo XXI.

Telaraña de salivas: hecho que acontece tras besos prolongados entre amantes tórridos y experimentados. Suelen traer aparejados altos niveles de glucosa en sangre y masturbaciones múltiples.

Lágrimas fraudulentas: dícese de las lágrimas que derraman aquellos que ante la amenaza del amor, deciden dar un paso al costado.

Sobreviviente especiado: nombre que reciben los náufragos insolados de congoja, que tras arribar a tierra firme comienzan a manifestar sentimientos especiados de eneldo y azafrán, conjugados con dosis elevadas de pigmentación en su hablar.


Esperanza Lúgubre



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